Pasa la tormenta, llega la calma. Parece que vuelven las aguas a su cauce, y eso que estaban demasiado revueltas. Pero me he tomado la libertad de pensar en mí. En mis pensamientos, mis sentimientos, mis emociones... y me he dado cuenta de que nada tenía sentido.

Que si una vez amé, eso que gané. Que si una vez sentí, también es verdad que fui feliz y que disfruté. Y ahora nadie me quita la bailao. Pero ya mis sentimientos van en otra dirección. Se acabó.  No merece la pena derramar una sola lágrima más. Lloré hasta la saciedad, lloré hasta no ver más allá de mis lágrimas. Lloré, sufrí, maldije, lloré, me derrumbé, volví a llorar... pero ya me he levantado. Sólo me daba un día para llorar todo lo que tuviera que llorar, y ya ha pasado ese día.

Hoy me lavo la cara, visto mis mejores galas, me pongo en pie, le planto cara al mundo y le digo que le den por culo.