Que fácil es hacerse el mandamás ejerciendo de abogado del diablo y pisotear si hace falta a los débiles en busca de la aprobación del fascista mayor. Porque hay gente veleta de nacimiento que pretende caer en gracia de todos sin caerle bien a nadie. Que fácil resulta proclamar a los cuatro vientos el código ético, alzar la voz, levantar la cara y esconder la mano con una piedra en la espalda. Vamos a no ser tan hipócritas con nosotros mismos, que a estas alturas del partido, a nadie nos espera San Pedro.
Y qué bonito es tener a alguien en propiedad, ¿eso dónde se compra? Tener a alguien para tu uso y desuso, para tu gozo y disfrute, exprimiendo la última neurona (si es que las hubiera). Viva el narcicismo y flipo con tu egocentrismo. Habla conmigo no con ella, cuéntame a mi no a la otra, yo soy la que te entiendo, yo soy la que te conozco, yo soy la que te aconseja mejor, haz lo que te digo porque soy bastante madura, yo soy, yo soy, yo soy... eres imbécil. Y te cuento y me das una patá. Ándate con ojo, a ver si se cambian las tornas. Que todos estamos expuestos a caminar solos en esta vida.
... Y es verdad que la época de esclavitud pasó, pero hay quienes aún tenemos en mente la obligación de agradar al fascista mayor.

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